Querida María,

 

Déjame compartir contigo lo que me regalaron tus “Niños de la tierra” esta semana:

Un chavo recoge una gran piedra de la zanja, el peso pareciera ser mucho para él, sin embargo logra equilibrarla y tras dar unos pasos, la suelta dentro del gavión que están armando para refrenar el cauce descontrolado del agua y así evitar la erosión de la tierra que afecta a los árboles.

Atrás de él, una cadena de chicas cumplen la misma función, pero con un sistema inteligente que ahorra  tiempo y esfuerzo, aunque resulta menos impresionante que la demostración de los chicos, a ellas no les importa tanto.

Hay algo que les es común a todos y se les puede notar entre el lodo en la cara y la máscara de aparente hastío juvenil y es esa rara sensación de plenitud que se les escapa de los ojos y que tú, querida María, llamaste: “Valorización de la personalidad”.

Montessori

Que diferente es estudiar este hermoso estado al que llegan los chavos cuando se les permite dar su máximo esfuerzo, cuando les dejan meter las manos al trabajo rudo, sin atajos ni herramientas para niños. Cuando nosotros como adultos les confiamos los proyectos relevantes, como salvar a los árboles de la erosión y no solo los dejamos germinar semillas de frijol entre algodones.

-Estamos poniendo estos “Gaviones” para evitar que la crecida del río se lleve la tierra y afecte a los árboles, también me gusta sembrarlos.-

Me dice en entrevista una de ellas mientras voltea constantemente para ver que sus amigos no se burlen de ella por ser la elegida (casi obligada) para hablar a la cámara.

Pero lo que más me gusta, es cargar las piedras.-

Y como no le va a gustar cargar esas piedras (pienso) si son justo esas piedras las que yo como adulto supuse que eran muy pesadas para que las cargaras. Son mis prejuicios, mi falta de observación y la idea moderna de que el adolescente es complicado, sin embargo son esas ideas las que ellos toman en las manos y las apartan del camino.

Luego de la entrevista, me subo en la camioneta con Omar, el Coordinador de adolescentes en la escuela. Cruzamos el bosque por caminos de tierra, saltamos una alambrada y subimos todavía un buen trecho de vereda por el cerro, serpenteando lo que parecía el camino trazado hace tiempo por el agua. Y ahí lo ví con mayor claridad, Omar me apuntó a un árbol joven, creciendo desafiante entre un tablero de tierra que se notaba diferente al resto del terreno. Este lugar, lo intervenimos hace 5 años, los chicos hicieron los gaviones en este punto y frenaron la erosión de la tierra y gracias a ello, este árbol pudo crecer aquí.

Ellos rescataron la tierra.

Me hubiera encantado acompañarte en alguna visita a los proyectos con los Erdkinder, escucharte hablar de lo que observas en los chicos de este nuevo milenio, pero sobre todo, me hubiera encantado tomarte de la mano y decirte: Gracias por enseñarme a contemplar estos milagros que nos dan una verdadera esperanza en lo que somos como seres humanos.